Día despejado. 7:20 de la mañana.
Así, callada, tranquila. Tus ojos cerrados, tu boca, tu piel. Toda tu piel me hace falta, toda. Eres perfecta así, y también luego, y antes. Pero sobre todo tus ojos, tus ojos. Lo primero de ti son tus ojos quedos cuando ves a media luz, tus ojos gritones, el café tostado de tus ojos. Y tus olores, tus escandalosos olores por el cuello, la espalda, las corvas, los pechos. Olerte es saborearte. Comerte. A bocados pequeñitos, meterte en mí. Tenerte dentro. Llevarte conmigo. Te huelo y eres mía.
Se cierra la puerta y el cuarto vuelve a quedar a oscuras. Romina se pasea por el borde de la ventana, y no maúlla por no despertarla.
miércoles, 11 de octubre de 2006
Post-intempestivo
Publicadas por María Fernández-Aragón a la/s 07:59
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
Publicar un comentario