sábado, 15 de diciembre de 2007

Cruda de un sábado por la tarde

Tuve dos pesadillas, ambas entre las 2 y las 4 de la tarde. Creo que fue por culpa de la "borrachera" de anoche (que consistió en embriagarme de entusiasmo/ganas de divertirme), por el sol que me pegaba en la cara y por... Nomás por eso. Las narraré en presente, porque me da flojera estar pensando en la conjugación.

1. Gira a Torreón, reloaded.
Llegan mis compañeros a Torreón. Ellos piensan que vamos a dar función, pero se dan cuenta (una vez que han llegado a la ciudad) que faltan dos actores: que viajaron durante toda la noche con dos actores menos de los necesarios para dar la función. Y esos dos actores faltan porque yo no los localicé. Y no los localicé porque -obvio, según yo- la idea del viaje no es dar una función en Torreón, sino solamente ir y estar en Torreón. Evidente para mí, no así para ellos. La cara de Mónica, con lágrimas de sangre en los ojos (es su culpa por haber estado en Fausto), es de película de terror.

2. Muchas mujeres
No me siento tranquila revelando los detalles de esta pesadilla. La trama de algún modo se desprendió de la anterior, a partir de una escena que ocurrió en una lavandería. Ahí estaban algunas mujeres significativas en mi historia emocional. Soy machista en mis sueños: por eso, cuando sueño, las mujeres se congregan en espacios destinados para la realización de labores domésticas. No, no es cierto. Soy machista en mi vida. Sobre el resto de la pesadilla, bah, nada demasiado relevante y/o novedoso.

Ah, claro. Cabe señalar que todo esto fue un somnos interruptus. Primero me llamó Teresa. Agradecí la llamada porque estaba cargada de buenas noticias. Luego me llamó mi hijo. Me dijo que era él ("Mamá, soy yo") y que tenía un problema ("Tengo un problema"). Le colgué. Ya no le dije, pero ahora que llegue a la casa lo verá: va a tener no uno, sino dos problemas. Primero le voy a quitar ese maldito acento naquito que se le pegó no sé dónde, y después le voy a advertir que si vuelve a llamarme cuando estoy tomando una siesta, que ni espere ayuda. Esta juventud descarriada. Y no, nada de lo que escribí en este párrafo es: a) un sueño, b) falso. ¿Debí llamar a la procu para decir que mi hijo no-nato -con voz de un cabrón de 27 años- me llamó para decirme que tenía un problema? ¿O sí tengo un hijo y nadie me avisó? ¿Por qué siempre soy la última en enterarme de todo?

***
Nota del emo: Éste no es el post que quería escribir. Esto no es lo que debió ser, sino lo que fue. Yo sólo quería escribir por aquí que debo desarrollar la idea que me dio el buen amigo Julián ayer por la noche. Pero... pero... como todo se fe al diablo, ahora me pondré a llorar. Bua. Soy un emo y los emos sólo sabemos llorar. Bua.

viernes, 14 de diciembre de 2007

New outfit, entirely new Tinajero


¿Que dónde estará el navegante esta noche? Aquí.

¿Que con quiénes? Con la banda.

¿Que cuál es el motivo del festejo? Pasarla bien. No hay mejor razón que ésa.

¿Que si Tinajero luce bien? Tinajero, señores, luce mejor que nunca: tiene un nuevo corte de pelo, nuevos jeans (entallado-stretch, ligeramente acampanados, deslavados y... ¡talla 10!), nueva playera (pocamadre) y una actitud de me-voy-a-comer-al-mundo-aunque-me-indigeste-y-qué.

¿Que qué? Ajá, así como lo leen.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Ñaca ñaca

Lectores de este blog, congregáos alrededor del fuego de este post incendiario.

Anuncio la destitución de toda cordura.
Anuncio el caos.
Anuncio la rebelión.
Anuncio el sol de una nueva noche.

Yo, que no soy digno de atar los converse de aquel que vendrá, anuncio a Tinajero.

¿Kiwi o australiano?

Quizá la imagen los motive a votar. Espero que les aporte algunas herramientas para que su decisión no nazca de la ocurrencia sino de los hechos, de los fríos y duros datos. Éste es Tinajero, y Tinajero los mira así. Sientan el poder de esa mirada. Sientan y voten.

Más datos:

Tinajero busca un hogar para, no sé, los próximos dos o veinte años de su mísera existencia. Busca un lugar para que sus falsos camaleoncitos pasten -si acaso eso hacen- tranquilamente. Tinajero agradece sus votos.

Viva el voto libre y secreto, pero... dejen comentarios.

Ya, neta, ¿quién está votando para que me vaya a Oceanía? Nomanchen, digoooo. ¿Me vieron cara de kiwi o qué?

Como me vi, ya no me veré

Así me veía este fin de semana, cuando todavía tenía las uñas largas. Pero ya me las corté. Luego entonces, ya no me veo así. Ahora me veo peor. Pero los amo a todos. Y sí, estoy en cierre. Para quienes saben, no hace falta explicar. Para quienes no saben, ¿para qué explicar? El cierre me pone bien-creativa-we. Y sobre todo me acelera. Pero más que nada me obliga a buscar formas de escape. Como ésta.

Besos,

maritinajas

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Nota del pinchi editor (para variar, che wey intromisivo): Aquí queda bien la canción de Mecano. No, Stereosexual no. Maquillaje. Pero también Stereosexual.

martes, 11 de diciembre de 2007

Háganlo Poll Tinajero

A la izquierda encontrarán una encuesta. No se alteren: las opciones son muy básicas, sí. Cuando tenga un continente ganador, haré la segunda parte de la encuesta. Y sí, me iré a donde ustedes digan. Pinky promise.

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Ooops. Este editor se está quedando disléxico. La encuesta se halla a la derecha, efeitivamente. ¡Ja!

lunes, 10 de diciembre de 2007

Así, la neta

¿Alguna vez has pensado que nadie te merece?
Yo sí.
Y me caga, pero ¿qué le vamos a hacer?

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Nota del editor: Post con fines de recaudación de comments. Carajo, hasta parece que no sé hablar correcto español. Entrada con fines de recaudación de comentarios. Nah. Se oye mejor lo primero.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Versos nihilistas

Ey. Mira. Ven.
La calle baja.
La calle sube.

No hay tiempo
y tú miras
y tú sientes
y lo que sientes es nada.

¡Ja!

Borrachera de un domingo por la noche

El ron de mi graduación. De mi segunda graduación. Una coca-cola comprada expresamente para hacerle compañía. Un vaso de cristal. Sin hielos. Con un toque de limón. La bebida perfecta para liberar la tensión de estos días en que no hay tensión, y que precisamente por esto me hacen estar tensa. Lejos quedaron los días del corre-para-acá, cierre-de-revista-y-ensayo-por-la-tarde, consíguete-el-vestuario, mañana-estrenas, qué-nervio, ay-diosito-qué-nervio. Lejos. Muy lejos. Los extraño. Mi vida es miserable sin eso. Mi-se-ra-ble.

Pero hay esperanza. El ron de caña da esperanzas a un corazón marchito. Un corazón marchito como el mío, que no está marchito pero se siente así. Bu. Triste. Marchito. Seco. Feo. Bu. Sufre. Bu. Jeje.

Así, con un poco de ron de caña, mi alma se alegra, mis ojos chispean, el color regresa a mis... "mejillas" (odio esa palabra), mi vejiga se inunda, mi sangre se enrojece, suspiro y suspiro. Y me divierto. Y pienso que mi vida es miserable sin el nervio de un estreno, sin funciones de teatro, sin reflectores, sin maquillaje, pero también pienso que... hay esperanza. Si no en el futuro escénico, al menos sí en el alcohol. Aunque me gustaría apostar por lo primero. Pero: siempre tenemos lo segundo. Sí. Alcohol. Además, ¿han oído de alguna estrella que no sea alcohólica? Háganme caso: sólo los alcohólicos sirven para este oficio. Amén.

The Tinajero Untitled Winter Project 2007

En parte para llevarle la "contra" a Miguel Tormentas, en parte para refrescar mi mente después de una "ardua" tarde de "trabajo", pero también en parte para encauzar de manera "positiva" mis energías "creativas", he decidido empezar un proyecto. Un proyecto que es uno, y que es conocido, pero no como proyecto, o no hasta ahora. El proyecto se llama Los falsos camaleones de Tinajero el navegante. Novedoso, quizá no. No para ustedes. Pero sí, también para ustedes, porque el proyecto excede los márgenes estrechos de un blogcito móndrigo. Es algo más... grande. Algo... sublime. Ah, sí, sublime. Oh, sí. Oh, Dios. Oh, sublime. Sí.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Tengo una dermatitis en el párpado derecho

Eso a veces me preocupa.

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Nota del editor: Las entradas de este día parecen ser parte de un sucio truco para recuperar el ritmo de posteo. Y, ¿saben qué? Lo son.

Anunciación del blog que vendrá

Nada mejor para esta época, tan proclive a celebrar el fruto de la anunciación a María, que crear un nuevo blog. Todavía no existe, pero existirá. El 25 de diciembre se presenta como la fecha óptima para su lanzamiento. ¿De qué tratará? Eso yo lo sé y ustedes lo ignoran, porque los misterios de la creación sólo se ofrecen a los virginales ojos de una mujer jodía. Como quiera que sea, esperen más noticias aquí, en su blog amigo.

Versos tergisexuados

Busco una hembra y no sé si sea para amarla,
o para quebrarla con mi angustia.

***
Idea prestada de Enriqueta Ochoa (Torreón, Coah., 1928).

Untitled, uninteresting post

Imagina que estás en el vértice de tu vida. Esto no quiere decir que estés en la cúspide. Estás en el vértice solamente porque en este punto -piensas- se marca un antes y un después. Imagina que estás parado en el vértice y no sabes hacia dónde vas a girar. Sabes que debes hacerlo. No es necesario que lo hagas, pero quieres hacerlo. Tienes que hacer que algo suceda. Algo como "tu vida". Eso a lo que se han referido tantas personas desde que tienes, uhm, dieciocho años. Ya pasó mucho tiempo. Y eso, "tu vida", es todavía algo que debes hacer que suceda. Una "asignatura pendiente". Estás en el vértice. O, mejor, en un punto de inflexión.

Pero luego piensas. Relees lo que escribiste y piensas. ¿Un antes y un después? Tomas tu cigarro, das una fumada, pasas las yemas de los dedos por el escritorio para barrer una ceniza que cayó ahí, y piensas. Todo el tiempo hay momentos que marcan un antes y un después. No quieres embarcarte en una discusión como la de Aquiles y la tortuga, o la flecha de Zenón. Sólo quieres decir que... Puff. Sólo quieres decir que este punto es diferente a otros.

A partir de aquí, no sabes hacia dónde dirigir tu pensamiento. No sufres. No sufres, pero sabes que se necesitan acciones rápidas. "Se necesitan". No. Tú necesitas. Acciones rápidas. Violentas. ¿Por qué la violencia? Bien, digamos entonces, acciones... drásticas. Medidas urgentes. No entiendes muy bien de qué estás hablando. No estás hablando. No entiendes qué estás escribiendo. Sólo escribes. Te sientas aquí, una tarde de sábado, soleada, decembrina, y escribes.

Suspiras. Haces un gesto con la cara -ése en el que arqueas la ceja derecha y bajas la comisura izquierda de tus labios, un gesto que te jala los cabellos de la nuca- y vuelves a suspirar. Carraspeas. Sientes frío. Mueves la boca de un lado a otro. Dejas que tu mirada se vuelva un poco melancólica, sutilmente melancólica. Nadie te está mirando. Pero escribes esto y piensas que alguien que no te estaba mirando ahora te está imaginando. Inexacta, tal vez grotescamente. Haces otro gesto. No lo describes porque no sabes cómo hacerlo. ¿Cómo empezó todo esto? "Imagina que estás en el vértice de tu vida", whatever that means.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Shane's Addiction

No he posteado. Dije que podría mantener el ritmo. Fallé. Es por culpa de una adicción. Shane's Addiction. Oh, well. I'll get over it soon.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Tinajero interruptus

Tinajero movió la mano derecha con una cautela exagerada. El aire se había estancado, y con él los sonidos. Los falsos camaleones dieron dos pasos atrás. ¿Cómo habían llegado a esta situación? No lo sabían.

- Olvídate de mí.
- ¿Qué mierdas estás diciendo?
- Que me olvides.
- No puedo.
- Trata.
- No quiero.
- No seas pendejo.
- Sí lo soy.
- Ya lo sé.
- Vete a la mierda.
- Nunca he salido de ahí.
- ¿Qué estás diciendo?
- Eso.
- ¿Y yo qué?
- ¿Tú qué?
- ¿Soy mierda?
- ¿Qué?
- Me oíste.
- No entiendo.
- Olvídalo.
- Estás mal.
- Ése no es tu asunto.
- Tú no decides qué es o no es mi asunto.
- Jm.
- Jm, ¿qué?
- Nada.
- Quieres que me vaya.
- No.
- Me lo estás diciendo.
- No.
- Me voy.
- Adiós.

Se giró sobre su eje. Schrj. La falda lengueteaba sus piernas glaseadas por el fino polvo del desierto. Pero no se movió.

- ¿No te vas?

La mano de Tinajero se había posado sobre la Glock 9 mm con una confianza propia de las mariposas. Siete pares de ojos presenciaban la escena, y mientras los derechos enfocaban a Tinajero, los izquierdos se ajustaban perfectamente para mirarla a ella. Ella, por otra parte, no hubiera podido definir en qué lado de la discusión estaba situada, y en su disléxica concepción del mundo, le daba exactamente igual.

Un momento antes, sólo un muy pequeño instante atrás, se habían besado. Tinajero había surcado los abultados labios carmín con una lengua desnuda de lenguaje. Con una mano, y otra después, se había prendado de sus prendas como un maquech mal amarrado. Hurgó debajo de la blusa para que sus yemas pastaran en aquel florido vientre. Tinajero era un desierto en medio del desierto, con el sol clavado como estaca en su propia anatomía. Tinajero sintió algo, y en un acto reflejo, lo llamó amor.

Ella seguía de pie, un mástil sin hundirse después de aquel naufragio. Tinajero quiso humedecer sus córneas con un breve parpadeo, pero se lo impidió un dique de pequeñas rocas arenosas que se había formado en su membrana ocular. Quiso, entonces, ponerse cómodo en aquella incómoda situación: quiso salirse con la suya.

Primera aproximación

Era diciembre y nevaba en Montreal. Ella no estaba en Montreal, pero era diciembre y nevaba a lo lejos. En ese diciembre de nieve en Montreal, se levantó por una cerveza, y cuando quiso tomarla pensó: "No tengo cervezas". Su deseo se detuvo. Volvió al asiento. Estaba caliente.

Frente a ella se dibuja una figura. Humana. Femenina. Atrozmente femenina. Mira. Voltea por lo bajo. "No tengas miedo", murmura. Y no, no es miedo lo que tiene. Es algo distinto. Algo enteramente distinto.

Un calor vertical le sube por la nuca. Un calor abrasador, intangible. La mirada que no la mira le está punzando. Dónde o cómo le está punzando es algo que ella no podría decir con certeza. Se revuelve en el asiento. Sube las piernas, pone sus brazos alrededor de las piernas, acaricia sus piernas. Desnudas.

Por instantes, es ella quien desea, quien voltea por lo bajo. Pero se esconde. Ella no es ella. Las luces centellean en la habitación. Ella no existe. Mientras, en Montreal, caía la nieve.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Vivo encerrado en un mundo de libros que quizá jamás terminaré de leer. Vivo encerrado en esos libros y sitiado por ellos. Vivo mi experiencia de vivir entre esos libros como si viviera en una cárcel. Los libros son la cárcel de papel delgado, impreso, que no tiene fin. Los libros han formado una barrera. Se han trepado por las paredes de la casa, y las han tapado. Se han subido a las ventanas, y las han tapiado. Sobre sus hojas yo dibujo alambres de púas, y eso no es un símbolo ni una metáfora. Dibujo púas y dibujo alambres donde se encaraman las púas porque eso es lo que quiero dibujar. Cualquier página de cualquier libro tiene un tatuaje con alambres de púas, y cuando mis ojos cruzan por las avenidas llenas de letras palabra oración significado imágenes se lastiman y se hieren e incluso en ocasiones sangran. Yo trato de mantener los ojos fuera del alcance de los libros. Yo intento mantenerme a salvo. Algunos días no abro los ojos para no herirme. Pero entonces tengo hambre vamos ya que necesito alimento y mis piernas me levantan me conducen por encima de un laberinto mis ojos cerrados las manos estiro las manos para no tropezar y cuando creo que he llegado a la cocina me siento a salvo y abro los ojos y mis ojos se hieren porque dejé un recetario de mi tía sobre la mesa y la sal. Entonces tengo que correr al lavabo a enjuagarme la cara. Un instante después estoy bien de nuevo, con los ojos blancos y frescos y me siento tranquilo aunque inquieto en el fondo y luego me miro al espejo, o eso creo, y en el lugar del espejo encuentro una autobiografía que me desgarra los vasos llenos de sangre que tengo en los ojos con esas púas de alambre que dibujé con cuidado cuando aún no sabía que esto iba a pasar tarde o temprano. Y grito. Entonces grito muy fuerte. Ahora tengo sangre en los ojos y eso me hace gritar tan fuerte que ahora también tengo sangre en la garganta. Pero sigo vivo. Sigo vivo y vivir me parece una experiencia parecida a leer un libro, pero más molesta. O quizá no más molesta pero sí más real. Aunque para mí los libros son y abarcan y agotan hasta sus últimos confines a la realidad y no hay más realidad que aquélla que nace se desarrolla se reproduce y muere en y dentro y a través o gracias a un libro. Es quizá por eso que vivo la experiencia de los libros como si fuera un encierro. Mi experiencia del mundo tarde o temprano remite a un libro, y ese libro me lleva a otro, y ése a otro, y ése a otro y ése a otro y ése a otro y ése a otro y ése a otro y ése a otro y cuando creo que por fin ese río de libros desembocará en el océano del mundo, me doy cuenta que el océano del mundo está formado de la misma materia con la que fueron creados los ríos y el océano del mundo es un lugar enorme y vasto e inagotable y es una biblioteca donde los libreros son libros y los libros hablan sobre libros y el bibliotecario no tiene huesos porque es un libro. Los olores que huelo no podría olerlos si no estuvieran descritos en el libro donde se explican cuáles son los olores de los libros que guardan las bibliotecas. En un afán por conocer el olor que debería estar oliendo, voy al libro. Voy al libro. Voy al libro. Pero no puedo. Los libreros son libros. El bibliotecario es un libro. Las ventanas son ilustraciones de un libro y el sol está en la definición de una enciclopedia y no entra aquí como luz sino como palabras. No puedo leer sin luz. Pero sobre todo no puedo leer. Y no puedo leer porque cuando digo yo no es a mí a quien me refiero. Yo soy un libro. Soy las letras personaje ficticio un hombre o mujer un alguien algo que está escrito y no puedo leer las letras ni entender mi constitución física porque quizá no la tengo. Soy una página de un libro adornado con un tatuaje de alambres de púas donde alguien cortará sus ojos si acaso hay alguien con ojos. Soy una página de un libro que van a cortar/

Tear me down

Te recibieron unas manos que te acariciaron la espalda. Él te sonrió, cargó tus maletas, te abrazó. Él escuchó tus historias, tus quejas, tu enojo, tu no entender las cosas. Él sí te escuchó. Y te secó las lágrimas. Y te besó los labios. Y te llamó con nombres hermosos, y te instaló una cama frente al mar. Él es perfecto. Entonces abres tu bolso, extraes los cigarrillos y quieres prender uno. No traes fuego. Le pides un cerillo. En lugar de eso, te ofrece un encendedor. Un encendedor rojo.

Then you cry. You cry because of her, or maybe because of you. You remember her eyes, and then you remember falling in love because of her eyes. You don't want to remember her eyes, but still you do. Your skin remembers her skin. Your fingers recall the touch of her fingers. You're silent. You say nothing. You want to, but you say nothing. You're alone. You're sad. You know that's no good, and wish you could do something about it. You could go out, meet your friends, call your family, drive down-town. You could. You don't. You're stuck in your house, feeling lonely, wandering around, wondering. You feel something is about to tear you down. And then... a tear comes down.

You're falling.

You're fallling, but you're not falling in love.

Not this time.

Now you're falling apart.