martes, 31 de octubre de 2006

Las olas

¿Saben cómo hacen las olas en esta parte del mundo? Llegan, con agua caliente, lamen la arena, dejan caracoles en la playa, varados, y se retiran con modestia, con suavidad, tersamente, acariciándose unas a otras, y yéndose atrás, de paseo, otra vez, hasta adentro, muy adentro, en el mar.

shhhh... ushhhh... shhhh... ushhhh...

Son tranquilas estas olas, como manos de mujer, como cuerpo de mujer que se balancea en la memoria, sin peso.

shhhh... ushhhh... shhhh...

Mujer de cabellos largos, mujer que arrulla entre sus brazos, mujer al fin.

ushhhh... shhhh... ushhhh... shhhh...

Si uno fija la vista en una ola, si intenta seguirle la pista, si la persigue con el deseo, si le echa mano...

ushhh...

... se ahuyenta y se va.

shhhh... ushhhh...

Pero bañarse en ellas, pero dejarse envolver por ellas...

shhhhh... ushhh... shhhh... ushhhh...

... y no querer tenerlas, sino ser posesión suya, solamente...

shhhh... ushhhh...

... y que eso sea bastante, que eso le colme a uno de tranquilidad, de paz, de contento, de gusto...

shhhh...

... de agua que no se deja apresar por nadie...

ushhhh...

... miles de gotas de agua...

shhhhh...

... rodeando un cuerpo...

ushhhh...

... meciéndolo...

shhhhh...

... calladamente...

ushhhh...

... sin prisas...

shhhh...

... para siempre...

ushhhhhh...

Así son las olas en esta parte del mundo que está en mis recuerdos. Y ahí estoy yo, tumbado al antojo de las olas, tumbado en una fotografía, tumbado en un tiempo que me anuncia que tú has de ser mi mujer...

... shhhhh...

lunes, 30 de octubre de 2006

Vuelta a lo mismo

Me convenciste, Miguel Tormentas:

Y sin ganas de vivir, escribo.

Fucking and fondling

Since I'm a sex machine, that's all I do. I fondle and I fuck. When I'm not fucking, I'm fondling. When I get tired of fondling, I fuck again. Occasionally I take a nap. Then, it's back to the usual. I'm purely physical, and my English is quite deficient, which is nothing quite revealing, considering I'm a mental retard. So... I'm purely physical. There's no love within these muscles and bones. No reason to cry or die for. At least that's what she says. Not she, the one I care about -the one I love-, but the other one: the blonde and stupid one -a genius, as a matter of fact, as she, the other she, would remark-, the one with the Greek lover, the one with the french way of saying Henri. Guess that's the way Anaïs called her lover: Henri, pas Henry. The latter must have been the way June called her husband: Henry, not Henri. Did Henry -or Henri- love these women, that we'll never know. That June loved him, that's for sure. That Anaïs was aroused with desire when she saw and met him, that's absolutely true. An actress and a writer. Perhaps Miller preferred the writer. Perhaps the actress scared the hell out of him. Perhaps he couldn't bear such a passionate love. Perhaps.

In the meantime, I'll fondle and fuck. But first, I'll cry until I dry. And die.

There's a title of a book I now remember: Too Loud a Solitude. Nothing really matters. Not now. Not when you're dead and still dying.

Noche 40

Se acabó la estúpida cuarentena. ¿Y qué? Ya estoy muerta. Salud a quienes viven. Yo desaparezco.

domingo, 29 de octubre de 2006

Noche 39

Busco una casa. Salgo a caminar por las calles relamidas por un sol de otoño, y busco una casa. Vieja pero bien conservada. Amplia. Con jardines y árboles y enredaderas y muchas ventanas. Con balcones para tomar el fresco. Con cuartos para la gente del servicio. Con mucha gente viviendo bajo un mismo techo. Gente para platicar, para tomar una bebida a media tarde. Gente que toque el piano o que cante una canción. Gente que me deje en paz toda la tarde, metido en un cuarto, aherrojado, escribiendo en páginas que terminarán en la chimenea de esa casa que busco hoy, cuando el sol de otoño lame las calles y los rostros de las personas. Y mientras tanto tú, tus ojos, el agua de tus ojos, todo vuelve a mí como en oleadas. Busco una casa para vivir contigo.

Adrián alarga la mano derecha, y la cierra, como tocando algo. Y no hay nada, sólo el aire que lo envuelve, tibio. Para él, para su deseo y sus ganas, va una mano dentro de la suya. Una mano pequeñita y blanca. Una voz de astromelias le regala un silencio, y él sonríe, como si alguien acabara de decirle 'te amo' o algo así. La verdad es que va solo, caminando por la calle. Solo y feliz, porque no va tan así, tan solo.

sábado, 28 de octubre de 2006

Noche 38

Las cuentas regresivas siempre me han resultado un tanto estúpidas, pueriles. La gente coreando, a voz en cuello. La emoción saliendo como chispas por los ojos llorosos. Los rituales consabidos. La cuarentena se acaba pronto, es cierto, pero no veo la razón por la cual haya de emocionarme. El círculo no es perfecto, y cada vez que pensamos que algo termina, no termina de veras. Saldremos de esta enfermedad, es posible. Sin embargo, las secuelas se quedarán en nosotros, y andaremos por ahí medio muertos, medio vivos, esperando un amanecer eterno que no existe. Lo que más se le asemeja es el cuerpo de una mujer, los senos sonrientes de Uncometa. Y ella, temprano por la mañana, se habrá ido diez días. Entonces comenzará una nueva cuenta regresiva...

viernes, 27 de octubre de 2006

Noche 37

Sólo una mujer como ella, luna en cuarto creciente, agua huracanada, podría haberme revuelto al punto de ponerme en ebullición. Las llantas patinaron al dar la vuelta. El sonido del acero contra el acero, el cristal que se rompe. Por suerte, sólo fue un falso presagio. Puse la mirada sobre la calle desierta, y escuché el ruido de motores lejanos. Nos despedimos con un abrazo al rojo vivo, y cuando ella cerró la puerta, dos mil gritos de dolor se comprimieron en mi garganta, dejando salir sólo un 'buenas noches' muy mesurado, fuera de centro. Ella se quedó en su casa. Yo regresé al cuarto de hotel, con dos cervezas en la mano y una buena excusa para beberlas. Lo malo fue que el cansancio le ganó a mis deseos. Y dormí.

jueves, 26 de octubre de 2006

Noche 36

Y sin ganas de escribir, vivo.

miércoles, 25 de octubre de 2006

Noche 35

Quedan pocos días para que termine la cuarentena. Te damos gracias, oh gran diosa creadora de este blog.

martes, 24 de octubre de 2006

Noche 34

Estaba sumido en su catatónico surmenage cuando, despacito despacito, pisando de puntitas, sin peso, Romina se trepó sobre su pecho. Se puso a ronronear "las mañanitas". ¿Cómo sabía de su cumpleaños un simple gato? Un vientecito frío pero agradable se coló por la ventana abierta. La noche dejó caer sus patas de elefante, aplastando de golpe todo sonido. Y en la pesadez de esa oscura atmósfera, un puñado de agua se hizo cuerpo.

Un brazo tibio se metió por la fisura que la mezclilla dejaba a la vista, hurgó los pliegues, encontró el badajo de la campana y llamó a misa de maitines. Ésta se celebró con la parsimonia de las grandes fiestas. Primero ella, desnudándole a él, peleando contra un cuerpo abandonado, queriendo que el pantalón simplemente se esfumara y no que tuviera que arrastrarlo, tallarlo, jalarlo piernas abajo con tamaña dificultad. Luego él, entreabriendo los ojos, sin saber si dormía o estaba despierto, recordando a Descartes y olvidándose de él en un segundo, sintiendo la sangre aglutinada en la parte baja de su abdomen. Una boca con olor a miel en la colmena, zumbando también como abejas en panal, le clavó el aguijón de su lengua en el cuello, y fue subiendo, recorriendo kilómetros de piel en sólo dos instantes y medio. Llegó a la boca -fría de tanta respiración entrecortada y ansiosa-, se tiró un clavado y nadó profundo. Salió a respirar, y por las comisuras de los ojos tomó un descanso.

Las bocas dialogaban mientras un par de turgentes labios color cereza y bien aceitados comenzaron a devorar un camaleón con vocación de buzo, un pez resbaloso, un cíclope que con sólo un ojo se abría camino por los túneles de una caverna rugosa. Ella, movida por un furor animal, sujetándose de su toro por los pelos que le cubrían el pecho, o de sus brazos fuertes, daba picotazos ocasionales sobre la superficie de un rostro impávido. Galopó y galopó hasta que su caballo dio un relincho bien fuerte, lanzándola a ella por los aires, ingrávida. Un par de horas después, yo aparecí en el mundo, calladito calladito.

lunes, 23 de octubre de 2006

Noche 33

¿Han visto los redondeles de costras de lodo que se forman alrededor de los charcos cuando empiezan a secarse? Son huellas de humedades y de tiempo y de la violencia de los elementos contra los elementos. Así, pues, hay costras de ojeras alrededor de mis órbitas oculares: son huellas de humedades y de tiempo y de la violencia de las personas contra las personas. Menos mal que sólo quedan esas huellas en mi cara, y no en mi alma. Ésta, pura e incorpórea -en tanto que ilusoria y fementida-, no sufre ni padece nada. No, nada me duele. Nada.

quisiera dormir,
volver a los sueños como quien hilvana frases de una historia inexistente,
fugaz
flexible

domingo, 22 de octubre de 2006

Noche 32

Encerrado en la estricta circunferencia de su cansancio -insomne cuando no soñolientamente inquieto-, Adrián prende una vela con un cerillo, pide un deseo y sopla. Pff. Oscuridad.

sábado, 21 de octubre de 2006

Ligera llovizna nocturna

Amanezco sin saber dónde ni qué ni quién. Paseo la mirada por toda la habitación. Vuelvo a cerrar los ojos. Sueño.

- ¿Has visto cómo duerme?

Despierto nuevamente. Todo sigue igual. Nada se ha movido. Vuelvo a cerrar los ojos. Sueño.

- Tiene la cara de un maldito ángel.

Despierto nuevamente. Algo se talla contra la ventana del cuarto. No puedo levantarme. Vuelvo a cerrar los ojos. Sueño.

- Los gatos están en celo otra vez.
- Eso veo.

Despierto nuevamente. Hay ruido detrás de la puerta. Un olor a comida llega a mi nariz. Incapaz de mover los labios. Vuelvo a cerrar los ojos. Sueño.

- Hice pasta.
- Habrá que guardarle un poco... para cuando despierte.
- Si despierta.

Despierto nuevamente. Es de noche. Alguien ha dejado un plato con comida en el escritorio. No sé qué comida es. Vuelvo a cerrar los ojos. Sueño.

- Me gusta.
- Lo sé.
- A ti también.
- Lo sé.

Despierto nuevamente. Cae una ligera llovizna nocturna.

- Digamos que es un surmenage à trois.
- Deja en paz los juegos de palabra.
- Los dejo en Paz.
- Ahí vas otra vez.
- Fue la última, lo juro.

Vuelvo a cerrar los ojos. Sueño.

Noche 31

Una mujer sin brazos fue hallada en la carretera federal México-Toluca. Estaba enterrada hasta la cintura. No había signos de violencia en su cuerpo. Sin duda, había sido ella misma quien había cavado el hoyo -cuando todavía tenía brazos-, se había metido en él y se había encargado de volver a meter la tierra al agujero. Luego, con enorme cuidado e indiscutible pericia, y posiblemente ingiriendo grandes cantidades de analgésicos, había cercenado sus brazos, el uno con el otro, simultáneamente. Éstos fueron encontrados a escasa distancia de la mujer: ella dijo haberlos arrojado lo más lejos que pudo, valiéndose de sus muñones. El rastro de la sangre confirmaba su versión de los hechos, aunque quedaran algunas dudas sobre cómo le fue posible mutilarse, ella sola, ambos brazos.

Cuando fue interrogada por la policía sobre su comportamiento, respondió con esta frase, por demás lacónica:

- Nunca supe abrazar de veras, así que me arranqué los instrumentos con que miento.

viernes, 20 de octubre de 2006

Noche 30

Asalto de madrugada. Despierta envuelto en agua, vendado en sábanas, los ojos disparados hacia el techo y pronunciando en un resuello

- ¿qué pasó?

mientras va tentando la cama para ubicarse, para saber dónde está, quién carajos es. Intenta apaciguar al caballo que le corre a galope en el pecho. Intenta pensar, serenarse. No lo consigue. Una luz entra por la ventana. Una lucecita violenta que se estrella de lleno en su cara. Algo suena. Lejos, menos lejos, cerca. Algo como cucaracha o marcador de béisbol.

- ¿quépasa-quépasa-¡quéseso!?

Lo alcanza a ciegas y sin ver dónde, lo tira, lo deja caer. Sigue sonando.

ti-ti-ti-tit
ti-ti-ti-tit
ti-ti-ti-tit

No sabe levantarse ni sabe si antes lo sabía y lo ha olvidado. No sabe aún su nombre, no sabe si está solo y si ser solo es condición de su naturaleza. No sabe

- nada.

Alguien lo ha matado en un sueño y ahora simplemente ya no es.

La añoranza

Por primera vez en diez años, quiero ir a Torreón.

Me haré a la mar, sola, sucia la cara, sin cambios de ropa.

Surcaré las bolsas de aire y llegaré mareada, hastiada de tanta estrella marina encontrada en lo alto del mar.

De pie, sin titubeos, los labios partidos y el corazón hecho mierda, miraré de frente al desierto, le hablaré al oído, lo insultaré con voz fuerte y me iré a beber un hojasé con él, llorando en el hueco de su hombro, abrazada y tiritando de rabia.

El destierro es desierto y es hambre: sol del desierto que arde.

Buscaré a los poetas que reptan entre las piedras, y me haré hombre con ellos, y cogeremos en la noche tórtolas para desplumarlas, locos todos, y ebrios, fantasmas muertos, no queda nadie, ninguno de ellos, todos se han ido.

Estamos muertos, qué importa, vamos al puente hasta volver a estar vivos.

15 de febrero, 2002



Ay, dichosa adolescencia atormentada,
con su ánimo exaltado y la melena.
Quién fuera tú para sufrirlo todo
otra vez.

jueves, 19 de octubre de 2006

Noche XIX

El desgaste... desgasta las piedras de por sí desgastadas. Y basta.

Escena a 110 km por hora

Trepidante sensación
acelerador, fondo
pienso, jamás escribiré nada que valga la pena, nada que permanezca
y el auto ronronea y sigue y rebaso, izquierda, direccional, un honda blanco atrás de mí
pienso demasiadas cosas juntas y, mientras voy pensando, debería llevar una grabadora, una grabadora siempre prendida que pudiera poner en rec en cualquier momento, porque lo que voy pensando es efímero y fugaz y para cuando llego a la máquina todo se ha ido, se disolvió en el aire, se convirtió en aire,
se hizo nada
de todas maneras no vale la pena conservar ya nada porque el arte y sus reglas y por sus reglas el arte ha cambiado hace ya un tiempo,
y ahora mi vida es arte
con mi muerte, morirá lo que haya hecho, lo que soy, todo

un cuerpo,
un cuerpo incierto, blando, tal vez demasiado blando
tres cuerpos juntos, avanzando con enorme lentitud tortuga
y yo a cientodiez kilómetros por hora, pensando en una escena así, en aceleración constante.
Un cuerpo incierto, como incierto es el destino...

Thurp.

Volar por los aires, salir disparado o estrellarse contra el parabrisas. No hay sangre visible -las bolsas se han roto por dentro y el derrame es mortal, irremediable, adiós-, sólo una multitud azorada con rostros en espasmo, mujeres que gritan alrededor, y sus hijos chillando, y yo conduzco a 110 kilómetros por hora, llego al semáforo, me detengo y digo no, no me limpien el parabrisas, a esos tipos asquerosos con playeras ennegrecidas, no traigo cambio. Verde: lección número uno.
"Thurp": ése debe ser el ruido que hace un cuerpo incierto, blando, tal vez demasiado blando, al estrellarse contra la defensa y luego contra el cofre y el parabrisas de un auto que vuela a 110 por una avenida en zona de hospitales.

Thurp.

Qué vértigo.

Qué vida.

miércoles, 18 de octubre de 2006

Noche XVIII



Fatídico delay
perpetuo.