Shrj, shrj, shrj. Camino, pero no avanzo. El sol a tope. Cenit. Gotas de luz en los bordes de la pantalla, perlando la imagen con brillos que oscilan entre el violeta y el rojo, y de vuelta al violeta. Toda la gama de luz visible condensada en collares de diamantes que se descuelgan desde el sol hasta la tierra.
Shrj, shrj. El sonido seco de mis pasos sobre la arena, sin vocales intermedias, sin oasis, sin espejismos siquiera, sin agua para esta boca reseca. Camino, camino, pero no avanzo.
Shrj, shrj, shrj, shrj. Un granito de arena que mi ojo no ha captado ha atorado el mecanismo de la lente. Tc, tc. Golpeo suavemente mi arma contra la palma de la mano. Nada. Fschj. La dejo caer. Que se la trague el olvido, si quiere. Y si no, que la vomite.
Shrj, shrj, shrj. Camino, camino, camino, pero no avanzo. Levanto la vista y veo nada.
Shrj, shrj, shrj, shrj, shrj. Levanto la vista y veo nada.
Shrj, shrj, shrj.
Pschrj. Me tiro sobre la arena. El sol se apiada de mí y se acerca, hirviente. Seco. Pasa su mano enfebrecida sobre mi frente. Algo me dice, pero no entiendo. Quisiera hablar. No puedo. 'Adiós', escucho. Le entrego un puñado de arena al viento para que lo lleve lejos. Si el viento quiere, si le han conmovido mis ojos como ciénagas templadas, mañana verás mi polvo asomar por las rendijas de tu casa. Te envolverá como una sábana de tela tibia y te dirá las palabras que me robó.
Aquí yace Tinajero el navegante. Sus falsos camaleones lloran su partida.
jueves, 26 de abril de 2007
Zoón desertikón
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María Fernández-Aragón
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martes, 24 de abril de 2007
Contracuentear
Yo la miré y ella me miró. Le di un sorbo a su cerveza. La sal de los bordes se me agarró de los labios y me hizo toser la acidez del limón. Levanté una ceja para parecer más digna, más hecha, más compuesta. Más mujer. Ella me desarmó con una sonrisita. Mi plan estaba fracasando a pasos agigantados, si acaso eso puede ser así, si puede algo 'estar fracasando' y no simplemente, plaf, llegar al fracaso rotundo de súbito, sin preámbulos, de improviso. Como quiera que sea, mi plan, mi estrategia, lo que había concebido como modo de supervivencia ante esta chiquilla insolente con gafas oscuras, pelo lacio y vestir elegante -pero siempre fashion- no estaba dando resultado. Me tenía cogida. Que me había pillado, digo. Ella me miró. Y yo también, yo también la miré, con el rabillo del ojo, mientras volteaba como quien mira hacia otra parte. Atrapada, sin remedio. Y, ¿qué remedio iba a tener, si yo no quería tener remedio? Sonreí por dentro, le di otro trago a su cerveza bien fría y levanté la otra ceja. Yo la miré y ella me miró.
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María Fernández-Aragón
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lunes, 23 de abril de 2007
Coahuila, esquina con Monterrey
La habitación donde duermo, trabajo, me alimento en ocasiones y me recreo con escarceos amorosos es un lugar pequeño pero acogedor, a pesar de las paredes amarillas al gouache, el closet y la puerta verdes y la ventana que da al cubo del edificio, donde suena la bomba del hidroneumático, la televisión a todas horas (ahora, por ejemplo, estoy oyendo Los Picapiedras y un programa mal doblado al español) y los pleitos de Arturo con su mamá. Mi cama está rodeada por libreros, un buró y un escritorio que soporta el monitor de una vieja computadora de, precisamente, escritorio. Los más o menos treinta números de la revista en los que yo he trabajado están mal acomodados sobre otras revistas de teatro mal acomodadas. Hay libros en el piso (particularmente uno de poesía de Octavio Paz: no su poesía, sino poemas traducidos), y a mi derecha, un altero de películas (muchas regaladas, sólo unas cuantas, las mejores, compradas por mí). Sobre uno de los libreros, un reproductor de CD's con alzheimer (olvidó el sentido de su existencia) y una caja roja con forma de corazón que le contiene todo lo que vienen siendo chocolates de san valentín, quizá rancios, quizá no. La maleta con la que viajé a Torreón sigue en tránsito, haciéndome gestos para que me decida ya de una vez a ponerla en su lugar. Otras muchas cosas la acompañan en ese su esperar inútil, estéril, inerte, como cosas que quisieran ser más que cosas, sin lograrlo.
Cajas y más cajas de cartón (compradas en 'tododecartón') atacarán mi habitación dentro de poco, y con sus enormes fauces hambrientas y su fondo reforzado con cinta canela, devorarán mis libros, mis souvenirs y mis papelitos, mi poca ropa, mis modestos discos; arrancarán las sábanas de mi cama, se tragarán mis calcetines y no se detendrán hasta quitarme los pantalones y las bragas; succionarán tan fuerte que incluso yo caeré en sus mandíbulas de celulosa. Esas mismas cajas rodarán por el mundo, y hastiadas de tanta comida, nos vomitarán -a mí y a mis cosas- en un lugar nuevo y fresco, amplio, blanco. Ella abrirá las tapas, con manos suaves, y me colocará sobre su almohada. Me caso.
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lunes, 16 de abril de 2007
Silent prayer
Siempre he tenido miedo de estudiar alemán. Es un idioma difícil. Ahora incluso hay quienes podrían calificarlo como letal.
Los 33 muertos de la Universidad de Virginia, considerados como cifra, son mucho menores que los casi 3 mil de los ataques del 9/11. Pero son. Y no me han dejado en paz desde las once de la mañana que vi las noticias. He estado pensando, mientras camino o mientras me siento a intentar escribir otras cosas, pensando recurrentemente en el enorme número de asesinatos cometidos en escuelas norteamericanas en las últimas dos décadas. Imagino incluso que debería haber papás en ese país que alentaran a sus hijos para que se 'saltaran' los trámites escolares y se dedicaran a alguna otra actividad más segura, como el bungee jumping, el snowboarding, el surfing o algo por el estilo: es un riesgo demasiado elevado estudiar allá. Aquí, bueno, hay crímenes, sí, pero es diferente. En el país de la tortilla, recibir educación sigue siendo relativamente seguro. El mayor peligro que uno corre es inscribirse en una materia junto con otras 50 personas que compartirán un salón donde sentados caben 30, o salir contaminado de rancias ideologías en universidades de idem abolengo, o -como Guillermo- tener la mala suerte de ser asaltado saliendo de la Facultad de Filosofía y Letras. O, siendo muy extremos, podemos hablar de los niños de aquel kinder que fueron atropellados por el desquiciado dueño de un taller mecánico que estaba harto de los honores a la bandera (¿sí fue así la historia?... oh, frágil memoria). En cualquier caso, no podemos comparar lo uno con lo otro. En México todavía se puede estudiar alemán a las 9 de la mañana y salir más o menos ileso: con la cabeza confundida y la lengua anudada, pero ileso.
Por ahora no hablaré del fenómeno mediático, y también dejaré pendiente un otro texto sobre asuntos 'de actualidá' que traía rondando por la mollera. Dejaré aquí mi silent prayer y me iré a trabajar (donde 'me iré' es un decir: sólo hay que cambiar de ventana). En unos meses, espero estar estudiando francés de nuevo. Auf Wiedersehen Freunde.
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viernes, 13 de abril de 2007
Un anticipo
Anticipo la creación de un nuevo blog. Se me ocurrió cuando iba por Tamaulipas, casi esquina con Benjamín Franklin (¿lleva acento este Benjamin?, ¿por qué yo digo Benjamín, pero me pongo mamona y me paro el cuello y desquito mis pocas clases de francés cuando digo a los taxistas 'lléveme a la calle de Augusto -también en español- Rodán'?, ¿vale la pena pensar en esto ahora?). A la luz del enorme semáforo que han puesto en este crucero, donde está la iglesia que no sé cómo se llama (de hecho, no sé cómo se llama casi ninguna iglesia, salvo San Juan Bautista en Coyoacán o San Juan Evangelista en Mixcoac, o la del Carmen en el Carmen, o la Basílica, o la Catedral), ahí fue donde se me ocurrió hacer este blog, no muy interesante para la mayoría pero al menos sí para mí. Espérenlo próximamente.
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María Tinajero
Hoy, el día del sismo que no sentí pero soñé, me desperté para ir de inmediato a la computadora. No pude resolver lo único que en verdad me interesaba (ver un MMS que me habían mandado), así que me puse a pendejear un rato (imagino que esa palabra no está considerada por la RAE). (Me he equivocado: sí está. La RAE es sabia y omnicomprensiva). Vi las noticias y me asusté porque en el Reforma leí 'Suspenden servicio de Hotmail y MSN'. Digo que me asusté y fue cierto, como suele pasar con la gente que sólo oye las noticias a medias, en mi caso porque aún no he pagado al estúpido 'rotativo' la cuota que exige para acceder a una información que debería ser pública. En fin. Me asusté, y luego se me bajó el susto cuando sí pude entrar a mi cuenta en hotmail (donde, por otra parte, no tengo casi nada de importancia).
Mandé un mail. No desde hotmail, sino desde yahoo. Siempre he preferido mi cuenta de yahoo, llámenlo nostalgia. Por cierto, hace poco me di cuenta que perdí para siempre mi primera cuenta de correo en yahoo: sogh_78@yahoo.com. Es algo triste, sin duda. Millones de millones de palabras, unas dirigidas a mí y otras que yo había dirigido a álguienes diversos, se han perdido sin remedio. ¿En dónde? No lo sé. Siempre me lo he preguntado. ¿Habrá una enorme computadora en alguna parte del mundo que todavía tenga esta información pero que se niegue a recordarla para mí? ¿Podré sobornar a alguien para que me deje recuperar mis cartas de amor y desamor, mi pasado electrónico (oh qué estúpida que fui al confiarle a ceros y unos mi memoria emocional, mi educación sentimental)? Supongo que he perdido datos importantes con esa cuenta, pero no estoy preocupada ahora porque no he necesitado esos datos. Cuando llegue ese día, cuando necesite esa información, cuando deba recurrir al pasado y por toda respuesta tenga un 'hemos esfumado tu estúpida cuenta de correo porque la dejaste de usar tres meses' (¡tres meses! si la tuve durante años... y me la quitan por ¡tres meses! de no usarla)... entonces gritaré. Pero no ahora que es tan temprano y que acabo de mandar un mail por mi otra cuenta de yahoo. Me libré finalmente del 'sogh' que atraía a tantos metiches a preguntar lo típico, lo obvio: 'y, ¿qué significa?'. No responderé ahora, como no respondí entonces.
Mandé un mail y respondí a otro. Los dos a la misma persona. Después abrí otra pestañita en mi navegador (oh grandiosa iBook, tan amigable) y, ¡pop!, se me ocurrió hacer algo que nunca había intentado. Googlearme (esta palabra seguro no existe en la RAE, aunque uno pueda googlear a la RAE: la RAE niega aquello que le sirve, oh ingrata, oh soberbia). Pero googlearme como María Tinajero, porque mi nombre real es mi identidad secreta: yo, la del acta de nacimiento, no soy nadie. I'm nothing at all. Me googlee y oh sorpresa, aparecí. María Tinajero. O, mejor dicho (y con redoble de tambores, por favor), 'Los falsos camaleones de Tinajero el Navegante'. Me emocioné un poco, luego leí quiénes eran las otras Marías Tinajeros (éstas quizá sí se llaman así, ¿no les parece emocionante?): una enfermera y una experta en hurones. Guau. Una experta en hurones. Yo tengo camaleones (falsos) y ella tiene hurones (¿verdaderos?). También hay un tal José María Tinajero, pero ése no me ha importado mucho. Suena a nombre de numerario, y ya he tenido suficiente de eso en mi vida.
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martes, 10 de abril de 2007
Yo no rompo un plato
Rompo dos o tres, pa' que valga la pena.
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lunes, 9 de abril de 2007
Pensamientos obscenos a mitad de la noche
Por las noches, con frecuencia, me dan ganas de ir al baño mientras trabajo. Con gran fastidio y después de mucho procrastinar esa necesaria interrupción de labores, me levanto de la silla, salgo de mi habitación, prendo alguna luz en el camino para no tropezar con la mesa que estorba a mitad de la 'sala', llego al baño, prendo otra luz y cierro la puerta. Mientras llevo a cabo la acción -por todos conocida- de miccionar, un pensamiento que se ha mostrado recurrente asalta mi cabeza. Am I dying? La pregunta aparece así, de la nada, mientras orino. Y en inglés (eso es quizá lo que más me incomoda). Nomás por joder, le respondo al estúpido gringo que vive en mi azotea: 'sí, pendejo, claro que me estoy muriendo, como todos'. Entonces me lavo* y me seco las manos en la toalla amarilla-deslavada-muy-muy-sucia, apago la luz, camino pesadamente atravesando la sala y pegándome ocasionalmente en el borde de la mesa que estorba a mitad del 'pasillo', apago la luz del camino, entro a mi cuarto y sigo trabajando. Durante algunas horas, me olvido de mi condición mortal. Por lo menos hasta que necesite cambiarle el agua a las canicas otra vez.
*Aclaración hecha para tranquilizar la morbosa conciencia de Guillermo.
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sábado, 7 de abril de 2007
Con ve de vuelta
Las ventanas. Gran invento. Frente a mí hay una ventana. Una ventana que me permite ver y ser vista. Por ahora, funciona sólo para lo primero, porque no hay nadie que esté viendo. Lo único que hay son voces, cayendo por el cubo del edificio. No veo verde, no veo sol ni nubes ni azul ni oigo gatos maullando. Estoy de regreso. Estoy sola. Se acabó Torreón hasta nuevo aviso. Cuando regrese, el pasado se habrá extinguido y ya no veré más jardines. Entonces tendré nostalgia de la nostalgia. Me habrán instalado en el presente.
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miércoles, 4 de abril de 2007
Febrícula y aire acondicionado
Pasaron cinco minutos. (Ojalá tuviera una grabadora inserta en mi cerebro). Esperé tomando limonada, pero no tenía hielos y ya estaba caliente. (Así no tendría que traducir todo esto a palabras). El agua dulce y agria bajaba formando flemas en mi garganta. (O intentar recordar mis pensamientos). Estornudé un par de veces, y me molestó en lo más hondo de mi ser pensar que caería enfermo de gripa en un desierto caluroso y seco. (Podría dedicarme a pensar sin estar siempre pendiente de lo que pienso). Y no llegaba. ('Y no llegaba' no fueron exactamente las palabras que pensé, porque a veces pienso sin palabras, o sin palabras exactas, o sin definir las palabras que podría o no usar después). No llegaba y cada vez hacía más calor, y las palmas de las manos me sudaban copiosamente. (Si tuviera una grabadora en mi cabeza podría simplemente dedicarme a ser). Sentí algo húmedo escurriendo por el hueco de mi nariz. (Andar por las calles). Hurgué en mi pantalón y no encontré más que un billete de lotería terminado en 8. (Mirar a la gente). Para el siguiente domingo. (Sentir). Me pasé el dorso de la mano por debajo de la nariz. (Sin pensar lo que siento). Y apareció al fin por la puerta 15. (Como Fernando Pessoa).
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martes, 3 de abril de 2007
Pocas y buenas noticias
Hace calor. Me siento de vacaciones. Estoy de vacaciones. ¡Cuánta felicidad!
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lunes, 2 de abril de 2007
Estoy en Torreón
Desde el avión, todo se veía pardo y seco. Cuando aterricé, vi que no era un efecto óptico.
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jueves, 29 de marzo de 2007
Busco fan de Spiderman
Amén de hacer una bonita rima, posteo el siguiente anuncio parroquial:
SE SOLICITA FAN DE SPIDERMAN
Edad: indistinta.
Sexo: que no sea indistinto, por favor: azul o rosa... o con angry inches, pero todo bien definidito.
Manejo de Word, dominio de las palabras (que mínimo sepa que 'a ver' y 'haber' son dos cosas distintas, y que 'o sea' se escribe separado), conocimiento de las películas anteriores de Spiderman y, de ser posible, del comic.
Fans from hell son bienvenidos.
Interesados, comunicarse con Migo.
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María Fernández-Aragón
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martes, 27 de marzo de 2007
Daun. Yo a ti, tú a mí. La serpiente con sangre partiendo un lápiz sigue aquí, ¿sabes?, sobre un papel arrugado. También algunas imágenes, unos recuerdos ociosos que no aportan nada a la historia de la humanidad (unos pantalones rosa entallados, un vestido amplio, un toquín en la prepa, las escaleras que subían a tu cuarto... la dirección precisa del lugar donde vivías allá en el cerro, aquél con las paredes pintadas que parecía kindergarden... y una sopa de cebolla que se enfría hasta quedar muerta en el desagüe, y tu rabia, y mi desdén, y todo eso que se fue a la mierda desde entonces, pero sobre todo cuando en diciembre, hace unos meses, él se murió). Todo en pedazos, revoloteando en mi cabeza y agitándose, como se agitaban tus pelos en Boca del Toro. Todo se fue a la mierda, pienso... nueve años después. La última carta, en hojas amarillas, numeradas del uno al cuatro, escritas a lápiz por ambos lados, con insultos subrayados y palabras recalcadas: esa carta la tiré, la rompí, la deshice y posiblemente hasta la quemé. No recuerdo qué decía, pero casi podría olerla. Se fue junto con otras, muchas, con todas ésas que escribiste cuando empezaste a quererme en serio, cuando me fui y te quedé ya muy lejos. Entonces sí, con timbres postales y mi dirección centrada al frente de un sobre delgado, escribiste 'teamos' que sabían a sandías, y poemas iluminados à la Rimbaud, y largos y detallados recuentos de tus días, ésos que en el metro no me platicabas porque, decías, jamás entendería. Seguro que jamás entendería. Sigo sin entender, mientras una mariposa mentada en alguna de las últimas tus cartas -donde ponías 'textraños' como quien pone flores en un jarrón, pero más abigarrado- sale volando desde las páginas oxidadas de algún libro de álgebra elemental. Si veo tus ojos, todavía, podría decir 'daun'. Pero tú no entenderías. Jamás entenderías.
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viernes, 23 de marzo de 2007
Más noticias
Hoy acabó -por fin- el maldito cierre de la revista. Una semana tarde. Muchas angustias después de lo previsto. Pero lo logramos... todos nosotros... ese equipo fantástico que formamos... todos... nosotros. Sí, eso, todos. Bueh, eso no importa demasiado. Pasemos a otros asuntos.
A veces quisiera escribir. Y a veces incluso lo hago. Pero a veces quisiera escribir algo más que simples reseñas de películas. A veces quisiera escribir algo grande. Pero entonces descubro que me falta todo para hacerlo. Y me deprimo un poco. Luego me duermo y al día siguiente no recuerdo nada, y me pongo a trabajar en la revista, haciendo reseñas de simples películas. Y así paso la vida, hasta que ella me llama y me dice que está esperando, y decido que lo mejor que puedo hacer es dejar esto por la paz, dejarlo todo, y salir para encontrarla. Así que eso haré justo ahora que ella ha llamado y me ha dicho que está esperando en Poussin y ésta mi calle.
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María Fernández-Aragón
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viernes, 16 de marzo de 2007
(ejercicio 1)
Finalmente una noche despejada, pensé. Y lo agradecí. La cena para nosotros se servía en el patio, a cielo abierto.
Lo tomé de la mano y apreté fuerte, mientras sonreía a diestra y siniestra, fingiendo sinceramente. 'No quiero estar aquí', pensé. ¿O se lo dije? Él volteó con una de esas miradas bonachonas -still patronizing- que me hacen sentir como una mascota en proceso de entrenamiento. El traje Burberry de Pablo rozó mi mejilla derecha. 'Buenas noches, prima, buenas noches, mua mua'. Andrés no lo supo, pero en ese momento empezó a hervirme la sangre desde los pies hasta el vientre, y ahí se atoró y ya no quiso seguir circulando. Solté su mano firme para avalanzarme sobre la copa de vino que se aburría a veinte centímetros de mí. Di un trago largo y precipitado. Pelo perfectamente engomado, castaño oscuro, rostro alabastrino de facciones recortadas, sonrisa discreta pero amplia. Pablo.
- ¿Qué no estabas en Barcelona?
- Madrid... Llegamos anoche.
- ¿Vienes con...?
- Mi esposa.
- ... así que te casaste.
- Hace tres años.
- Cómo pasa el tiempo.
- Sí.
- Ella se llama...
- Como tú.
En un rápido escaneo a mi alrededor, vi que todos seguían entretenidos en la anécdota del muerto que contaba Diego. Para variar, Andrés había dejado la mesa y se había ido a platicar con los de adentro. Si hubiera sabido con quién y de qué estaba yo hablando, me hubiera llevado con él. Pero escucharme es un deporte que él no practica entre semana.
- Vaya coincidencia.
- Mjm.
- Sí...
- Y tú, ¿a qué te dedicas?
- Yo, nada, ya sabes. Lo de siempre: la oficina, los libros, la universidad.
- Te estuve esperando dos años.
- Eh, bueno, yo...
'Ya me quiero ir', y esta vez estoy segura que lo pensé, porque no tenía a nadie a quién decírselo en ese momento. Deslizó su mano bajo el mantel. Estaba a punto de rozar los confines de mi falda cuando Edgar soltó una carcajada histérica, justo en el momento que Diego contaba aquel detalle del ombligo del muerto. Los dos sonreímos por instinto de supervivencia, pero cuando volteé a verlo me encontré de lleno con su aliento.
- ¿Cómo llegaste?
- En... taxi - titubeé, mentí.
- ¿A dónde vas?
- A mi casa.
- ¿Dónde?
- En el sur.
- Vamos.
- Pero...
Iba a objetar que Andrés seguía adentro, que yo no podía irme así, sin despedirme, que la fiesta apenas comenzaba, que alguien seguramente se daría cuenta de lo que estaba pasando. Pero en cuanto logró -porfin- meter los dedos entre mis muslos, y sentí el frío acero de su argolla matrimonial recorriéndome la piel de erizo, mi mano temblorosa se arrastró sobre el mantel almidonado. Cuando llegó a la copa y tocó los bordes lisos y humedecidos, unas manos me tomaron de los hombros. 'Vámonos miamor', soltó Andrés y me soltó.
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miércoles, 14 de marzo de 2007
Quaestio disputata de eliminatione
A veces le pido a Dios que me elimine. Select, delete, puff. De un golpe. Pero no me hace caso. Esto podría deberse a alguna de estas tres razones principales:
1. Dios no me elimina porque no me escucha. Esto, a su vez, puede deberse a varias causas. La primera, porque no hablo lo suficientemente fuerte, o bien porque él tiene problemas de audición. La segunda, porque Dios habla un idioma que no conozco, o yo uno que él no conoce. La tercera, porque todo el mundo le está hablando al mismo tiempo, y lo único que alcanza a percibir es un ligero rumor de lenguas confundidas.
2. Dios no me elimina porque, aunque me escucha, no considera que esto sea una buena opción. Esto puede deberse a varias razones. La primera, porque piensa que mi existencia sirve para algo, así sea para ocupar un espacio que, de no ser por mí y las muchas cosas que he ido acumulando en mi vida, se vería muy vacío, y por ende, feo (porque el espacio vacío sólo va bien con Peter Brook, que será buen director de escena, pero no es Dios). La segunda, porque piensa que mi existencia no sirve, pero tampoco ocasiona ningún perjuicio, y así se evita él la molestia de desaparecer a alguien del mapa. La tercera, porque no tendría dónde ponerme si me eliminara (aunque todavía queda por demostrar si aquello que Dios elimina va a alguna parte o a la nada). La cuarta, porque piensa que no lo digo en serio.
3. Dios no me elimina porque no existe.
Ahora bien, parece que Dios existe (como ha demostrado el Aquinate en no pocos lugares de la Summa Theologica). Luego, tendremos que saber si Dios no me elimina porque no me escucha o porque considera que no es una buena opción hacerlo.
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lunes, 12 de marzo de 2007
Lo siento.
No sé exactamente cómo o por qué o cuánto. No tengo básculas para pesar esto ni sé si se pueda empacar para enviarlo. Sólo sé que cuando digo 'lo siento' es porque de veras lo siento. Y ahora lo siento: algo que camina desde el ardor de mi oreja derecha hasta el cubículo vacío entre mis costillas. Una molestia, un dolorcito apenas. Lo siento. Vaya, sí lo siento.
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Y lo demás es silencio
Mis manías.
Mi soledad.
Mi depresión de domingo por la tarde.
Mis arrugas.
Mi ironía fuera de lugar.
Mis chistes tontos.
Mi cicatriz en el pómulo izquierdo, debajo del ojo.
Mi gata que duerme todo el día.
Mis pants con elástico.
Mis playeras souvenir.
Mis libreros sobrepoblados.
Mi refrigerador vacío.
Mi celular sin crédito.
Mis pendientes.
Mis prisas.
Mi ropa sucia.
Mi closet con humedad.
Mis recuerdos estériles.
Mi egoísmo.
Todo esto se quedó encerradito, bajo llave, en un cajón. Otra vez. Haré de cuenta que fue sólo una noche, que no debo recuperarme de nada, que nada me duele, que nada me importa. Si lo pienso mucho, si lo digo fuerte, si lo repito tres veces, si hago planas con esto, tal vez lo crea. Pero. Tal vez lo crea.
Puro silencio puro.
(Aunque la verdad estoy algo triste.)
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María Fernández-Aragón
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